Mila y el Señor Morrison bailan un vals de sueños violetas.

Entre los arboles azules, amanecía una luna amarilla brillante. Los ojos miel de Mila sonreían. Había esperado todo el día para verla.

Mila entrecerró sus párpados y comenzó a soñar.

Le divertía ver como el camino de tierra colorada teñía sus alpargatas azules, ¡porque entonces eran violetas! Su color preferido.
Mila coloreaba sus paredes de violeta, su cama de violeta y hasta su gato. Pobre Sr. Morrison… Cuando la veía a Mila con su esponja bañada en pintura abría sus ojos como dos soles asustados y salía corriendo en sus patas traseras.

Ahí estaba el Sr. Morrison, sobre un monte de grama bien cortada, durmiendo y viajando en el mundo de las pelotitas de tenis… Miles de pelotitas de tenis saltando y el Señor Morrison feliz sin saber hacia dónde ir, por cual decidirse. Hasta que de repente…

PUM! Mila lo toma en brazos y lo apretuja bien fuerte en su pecho
-¡Sr Morrison lo estoy buscando desde que mis alpargatas eran azules!

Para cuando el susto había pasado, el Señor Morrison ronroneaba de ternura con las caricias de Mila.

-¡Mire Señor Morrison! Si nos subimos a ese árbol color violeta, más arriba hay una escalera  que llega a las nubes y cuando lleguemos a las nubes, podemos pedirle al señor que cuida la puerta que nos lleve de viaje por las estrellas… Me contaron que el viaje es corto y el boleto barato, los gatos no pagan, los perros tampoco… Pero hoy seremos solo Usted y yo.

Mila abrió su mochila, guardo una manzana, un tarrito de pintura violeta y un pincel. También entraba el Señor Morrison, asique sin dudarlo lo beso en la frente y allí fue. Cuando estuvo bien cómodo, entonces entrecerró la mochila para que no se caiga nada y se la colgó en sus hombros.

-No se asuste Señor Morrison, voy a estar siempre delante suyo. Si tiene miedo me avisa y paramos en algún escalón.

Mila emprendió su caminata hacia el árbol, que estaba solo unos pasos más allá. Con sus pequeñas manos, se tomó de las ramas y comenzó a subir en vaivenes, hamacándose de un lado a otro. Poco a poquito iba tomando más velocidad y altura… ¡Mila estaba volando!

-¿Vio que rápido vamos a llegar Señor Morrison? Aprendí a volar el otro día en un sueño que tuve, los dos viajábamos a Londres a visitar a Mary Poppins!

Mila dio un salto y cayó en una nube blanca esponjosa con aroma a frutillas. Ahí mismo sentado en una silla de patas muy altas, había un señor vestido de blanco. Estaba muy concentrado mirando hacia abajo.

-Buenas noches Señor…

Pero el señor no contestó.

Mila miro hacia abajo creyendo que iba a encontrar algo…
-Disculpe Señor, al Señor Morrison y a mi nos gustaría..

Y sin dejar que Mila termine su historia el Señor de blanco la interrumpió un poco enojado:
-Perdí la cuenta… Nunca se sabe en qué momento se va a dormir el próximo gato, ¡es importante estar atento para saber cuándo dejar caer las pelotitas de tenis!

Mila lo miro con sorpresa y pensó en lo feliz que debe ser el Señor Morrison cuando sueña.

Y antes de que Mila pudiera explicarle porque estaba ahí, el Señor de blanco exclamó:
-¡Salimos en 5 segundos!

Cinco segundo pasaron y un bote color calabaza apareció flotando de entre las nubes
-¡Todos a bordo!
Y de un salto los tres estaban dentro del bote. Una suave brisa comenzó a flotar; y en un abrir y cerrar de ojos, estaban volando mucho más alto que las nubes.

Mila se acomodó y con el Señor Morrison en su falda, puso su mochila de almohada.
Miles de estrellas brillantes y de todos los colores parecían bailar un vals en el cielo. La felicidad solo se parecía a cuando sus alpargatas de teñían de colorado cuando caminaba por el bosque de árboles azules… La luna amarilla luminosa comenzó a verse más cerca y con el último suspiro de esfuerzo, Mila le regalo una sonrisa y se quedó dormida.

PUM! El Señor Morrison de un salto se sube a la cama de Mila, y con dulces besos de gato la despierta.

-¡Buenos días Señor Morrison! ¡No sabe lo hermosas que son las estrellas de cerca!


Y casi sin respirar, Mila le conto toda la historia, sobre el árbol violeta, el hombre de blanco que miraba dormir los gatos y el vals de estrellas en el cielo.
El Señor Morrison soñando con pelotitas de tenis.

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