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Mostrando entradas de abril, 2014

Mila y el Señor Morrison bailan un vals de sueños violetas.

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Entre los arboles azules, amanecía una luna amarilla brillante. Los ojos miel de Mila sonreían. Había esperado todo el día para verla. Mila entrecerró sus párpados y comenzó a soñar. Le divertía ver como el camino de tierra colorada teñía sus alpargatas azules, ¡porque entonces eran violetas! Su color preferido. Mila coloreaba sus paredes de violeta, su cama de violeta y hasta su gato. Pobre Sr. Morrison… Cuando la veía a Mila con su esponja bañada en pintura abría sus ojos como dos soles asustados y salía corriendo en sus patas traseras. Ahí estaba el Sr. Morrison, sobre un monte de grama bien cortada, durmiendo y viajando en el mundo de las pelotitas de tenis… Miles de pelotitas de tenis saltando y el Señor Morrison feliz sin saber hacia dónde ir, por cual decidirse. Hasta que de repente… PUM! Mila lo toma en brazos y lo apretuja bien fuerte en su pecho -¡Sr Morrison lo estoy buscando desde que mis alpargatas eran azules! Para cuando el susto había pasado, el...

Aquî

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Si fueras la París de Cortázar, estarías ahí donde te pienso,  y no solo en tus tangos de sangre porteña y manos sensibles que añoran su norte. Si fueras la París de Cortázar, los encuentros podrían ser en cualquier barrio de Buenos Aires,  el menos pensado o el más transitado. Si fueras la París de Cortázar, esa trompeta sonaría en tu boca, y no solo en la de Miles.  Tus cuerdas tendrían nombres de serpientes y me hablarías sobre los discos de pasta. Las escaleras unirían los balcones también en alguna rue Martel, y no solo en este barrio porteño. Las melancolías tendrían acentos diacríticos y nuestro paladar no podría pronunciar tu palabra. Las historias de amor solo hablarían de niños llamados Rocamadour y la inocencia (mal pensada ignorancia) de unos ojos marchitos por la soledad. Si fueras la París de Cortázar, tu voz suave no conocería de finales. Y yo no te estaría pensando en donde no estás.