Mila y el Señor Morrison bailan un vals de sueños violetas.
Entre los arboles azules, amanecía una luna amarilla brillante. Los ojos miel de Mila sonreían. Había esperado todo el día para verla. Mila entrecerró sus párpados y comenzó a soñar. Le divertía ver como el camino de tierra colorada teñía sus alpargatas azules, ¡porque entonces eran violetas! Su color preferido. Mila coloreaba sus paredes de violeta, su cama de violeta y hasta su gato. Pobre Sr. Morrison… Cuando la veía a Mila con su esponja bañada en pintura abría sus ojos como dos soles asustados y salía corriendo en sus patas traseras. Ahí estaba el Sr. Morrison, sobre un monte de grama bien cortada, durmiendo y viajando en el mundo de las pelotitas de tenis… Miles de pelotitas de tenis saltando y el Señor Morrison feliz sin saber hacia dónde ir, por cual decidirse. Hasta que de repente… PUM! Mila lo toma en brazos y lo apretuja bien fuerte en su pecho -¡Sr Morrison lo estoy buscando desde que mis alpargatas eran azules! Para cuando el susto había pasado, el...