Alicia en el país de nunca jamás
Siempre imagine la situación de “pararse en medio de la vida” en connotaciones cinéfilas, espirituales, místicas,
gravitacionales, lunáticas…
En un estado de soledad. De silencio. Pero no de vacío.
Estar ahí en una levitación de narrador omnipresente,
observando como los frames se suceden unos a otros en time lapse.
Y así, a esa velocidad es que se esfuman las horas. Ya estamos
con los pan dulces en las góndolas y los arbolitos de navidad que recuerdan la
llegada de un tiempo de paz (?)
Los días no son como los hemos imaginado, y menos cuando las
circunstancias del destino te dan la patada en el traste para recordártelo.
En todos estos años he tenido la gran controversia interna
entre lo casual y lo causal, entre el destino y la circunstancia.
Y como no puedo evitar estar colgada de una nube gran parte
de las 24 horas… ya se imaginan donde caigo. Si, en el hoyo del conejo.
Hace dos noches, el insomnio estaba tirado a mi izquierda, más
presente que nunca. Y a codazos me pedía charla. El esfuerzo para ignorarlo era
tan grande que resultaba más desgastador, que incorporarme y dejarlo contento.
A puño y letra entonces, le di mi opinión. Primero lo mande a la misma mierda. Después
me di cuenta que era inútil discutir con la necedad, asique solo busque la forma
de darle la razón (como a los locos dirían los viejos) sin que se dé cuenta.
Le termine contando todo. Por primera vez en mucho tiempo,
no me importo lo que pensara. Y le dije tantas verdades… tantas… Desperté el
silencio y llene los espacios de palabras. Solo nos faltó compartir un vino.
Pero en mi habitación no se fuma, y una cosa siempre te lleva a otra.
Ya para las 5 de la mañana, termine agradeciendo su
insistencia.
En fin. Me dejo este tema.
“Con los ojos cerrados me ves mejor”
Abrí tu mente.
Mia Saibot.
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