PROHIBIDO OLVIDAR.


11 años atrás, unos dias antes, mi viejo me decía: Bajemos con las cacerolas… Acordate de lo que te voy a decir: “Esto es historia”.

Y así fue.

Oscura. Violenta.

De unidad. De esperanzas. De fortalezas.

Muertes.

Un vez más, un Jefe de Estado se deslizaba lentamente por el camino más corto y más fácil: El escape.

Ahí estábamos… un País entero abrazado en la búsqueda de justicia. Presentes y observadores. Todos. Porque se sentía… estábamos TODOS.

Mi recuerdo fotografía un sol en una ciudad satinada. Gris de polvo, gris de gases, gris de balas. De choques y golpes.

Y esa señora abrazando a su hija en el medio de Plaza de Mayo, rodeada de la montada. Tratando de refugiarla de la torpeza humana de esos seres que estaban unos metros más arriba, subidos a un cuerpo gentil que inocentemente “sin razón” respondía a las órdenes de quien llevaba sus riendas… obviamente sin poder levantarse contra esos mismos. Torpes e hipócritas apelando a una puta “obediencia debida”.
  
Deber de qué?

Cumplir con las órdenes?

Y si fuera “de vida”? Podríamos llamarla Derecho de Vida.

Nunca terminamos de aprender.

Una y otra vez, repetimos. Por más violenta, sangrienta, triste, injusta o inexplicable que sea.

11 años después seguimos rompiendo propiedad privada, seguimos lanzando gases y tirando balas. Y siguen muriendo. Y seguimos llorando.

Pero también seguimos luchando. La lucha del valor. De “mi” como integrante del “todo”.  En un TODO donde las ambigüedades son protagonistas en extremos miserables de poder. Un TODO completo de seres imperfectos. 

Viejo, tenías razón.

PROHIBIDO OLVIDAR.

Mia Saibot.


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